De la Redacción
Argonmexico / La obra Cuadros de una Exposición fue ejecutada con gran virtuosismo e impresionante limpieza que hizo levantar de sus asientos al público.
La obra Campanero logró el extasís, no sólo por su contenido en sí mismo, sino por la interpretación desenfadada, independiente y virtuosa, que hizo de ella el joven pianista Aldo López Gavilán.
Aldo da siempre la impresión de tocar con completa libertad y espontaneidad, a la vez que posee un gran entendimiento de la estructura musical.
Al escuchar el disco En el ocaso de la Hormiga y el Elefante, la primera sensación es la del deslumbramiento. Es como envolverse en un aliento de creación y virtuosismo.
Si tuviera que utilizar dos palabras, además de otros elogios que merece su disco, diría que en sus composiciones hay osadía y desprejuicio, aunque no como invención peregrina, sino como empuje de un talento que se desata siguiendo una brújula precisa.
Silvio Rodríguez, Teatro Amadeo Roldán, Cuba (Presentación CD En el ocaso de la Hormiga y el Elefante), Agosto 2000.
Su interpretación del 3er. Concierto para piano y orquesta de Prokofiev fue excepcional, más allá de cualquier nivel.
Aldo no es sólo un formidable virtuoso, también sobresale en obras que requieren extraordinarios colores y fascinantes sonidos. Su pianismo natural nunca aparenta sufrir y su pensamiento original siempre asegura una interpretación de gran individualidad y personalidad artística.
Gran apoteósis en el Jordan Hall provocó la familia López-Gavilán Junco, al presentar el estreno de la obra En el ocaso de la Hormiga y el Elefante en su versión para violín, piano y orquesta, del joven pianista y compositor cubano Aldo López-Gavilán. Acompañado por la Orquesta Juvenil de New England Conservatory bajo la eficaz batuta de su padre el maestro Guido López-Gavilán y su hermano el excelente violinista Ilamar, Aldo demostró su habilidad en el manejo de los instrumentos y en la lógica formal, además de realizar una interpretación verdaderamente mágica y original.
La forma escénica encantadora y fogosa del joven cubano Aldo López-Gavilán se siente siempre como una directa extensión de la música que toca en el piano.
En esta ocasión no disfrutamos de Aldo como del acostumbrado creador-intérprete, que con frecuencia suele desdoblar su personalidad para mostrarnos los más elevados de su peculiar arte jazzístico, sino del pianista cabal y mesurado que enfrenta magistralmente la interpretación de las más paradigmáticas obras del repertorio pianístico universal.
Un huracán pasó por Cali
Con el primer acorde uno se da cuenta que López-Gavilán no puede calificarse como pianista porque él es el piano.
Aldo López-Gavilán tiene un particular estilo de tocar el piano. Los asistentes sentimos un impacto, el impacto de estar frente a un verdadero genio de la música, capaz de conmover a cualquiera.
La cercanía entre las culturas africanas y su música fue lo primero que cautivó al público, que minutos después interactuaba con las más disímiles expresiones rítmicas del singular artista.












