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El tiempo es cuestión de ver el reloj o de aprender a ser nosotros mismos PDF Imprimir E-Mail
jueves, 06 de noviembre de 2008

Por Dinko Alfredo Trujillo G.

argonmexico.com.- Para el niño de seis años cuando es septiembre parece tan lejana la Navidad que con anhelo desea que el tiempo corra, mientras que para su padre la misma celebridad lo empezará a perseguir, con los gastos correspondientes, desde las fiestas patrias. Y es que el tiempo y la propia personalidad están tan ligados que uno forma y hasta deforma a la otra.

nino-meditando.jpgLa conciencia de lo que es el transcurrir del tiempo se va teniendo conforme tomamos más conciencia del sí mismo. Entre más se de mí más me vivo en el reloj, por lo menos cuando ese reloj deja marcas en la edad, en la piel o en el desenvolvimiento físico.

Y es que tal experiencia es inevitable, pues entre más nos aferramos a que la vida no se mueva más buscamos que nos deje en lo que valoramos: la juventud, y no nos lleve a uno de los temores más grandes: la vejez -y con ésta el recordatorio del final, la muerte-.

Pero sería bueno detenernos a ver lo que del llamado "tiempo" es lo que nos involucra. Si vemos un calendario vienen acotadas las fechas de todos los días de, normalmente, un año, en el cual simplemente viene una serie de números que oscilan entre 28 y 31 días por doce meses.

Cada día señalado tiene sentido solamente en el lector que se lo da, es decir que un 6 de marzo para muchas personas no significa nada, pero para alguien que conmemora o, a veces, lamenta su cumpleaños es una fecha significativa cargada de emociones e historias que hacen a esta fecha una en especial sobre cualquier otra.

Si, por otro lado, el 24 de junio, por poner otro ejemplo, significa el plazo último para poder liquidar una deuda de la que depende el futuro económico, se vivirá éste probablemente con angustias y marcando todos los días anteriores como preámbulo a ese término; mientras que para cualquier otra persona ese día es simplemente un día más o quizás sirve, a su vez, como otro preámbulo para otra fecha cargada de ultimátum.

Habría que detenernos a pensar lo que el tiempo significa "objetivamente" y lo que su duración vivida implicará para cada uno. De forma que el tiempo conlleva marcas que sirven para dar referencias a la historia, que vienen señaladas en cada agenda que se venderá al finalizar cada año, o que sirven para diferenciar entre un ciclo escolar y otro, o que suena en un despertador todos los días a la misma hora mientras no se modifique mecánica o electrónicamente.

Sin embrago, la vivencia del tiempo, su duración como diría el filósofo Bergson, es siempre personal, inmensurable e irrepetible. El tiempo es frío y objetivamente inhumano, se aplica para todos sin implicar a ningún individuo, es más, exigirá como requisito que no sea vivenciado subjetivamente; se requiere de ser objetivamente medible. Mientras que la duración del tiempo es en vivo y siempre dando significado a la vivencia y a la propia subjetividad, de forma que más que ser una referencia que mida es una referencia que siempre da sentido a la vida, a sí mismo y al otro.

El tiempo y su duración, la experiencia vivida, no tienen respuestas objetivas ni meramente racionales, al implicar a la propia persona se vuelven subjetivas, emocionales y con una carga social de lo que implican ciertas fechas o ciertas edades. Cuando uno es atrapado por el "peso" de dicho transcurrir, por la edad, por las fechas, por el futuro, es inevitable que el tiempo y la conciencia de sí sean mezcladas con las exigencias de lo que se tendría que haber alcanzado, con ideales sobre de sí mismos o de los demás que muchas veces tienen más una condenación en nuestra mente que una realidad factible y que nos demande como tal.

El problema está cuando se lucha contra las manecillas del reloj, cuando la primera cana o la primera arruga empiezan a pesar como si se multiplicaran por cien. Es decir cuando la vivencia y significado del tiempo en lugar de hacernos caminar hacia delante nos lleva a mirar hacia atrás, ya que el pasado es sólo cuestión de perspectiva pues no se puede caminar hacia atrás, lo pasado ya no está más que en nuestra mente, no pertenece más a la vida; no se puede caminar en él porqué ya no existe más que en el recuerdo y en la anotación de tiempos ya pasados: tiempos muertos.

El querer ser eternamente niños, que la juventud no se vaya, que la felicidad de un momento se eternice son, paradójicamente, lo que trae la infelicidad y hasta la amargura; entre menos aceptamos que la vida pasa y lo pasado pasado es, el peso del calendario ahogará.

Las marcas del tiempo en realidad son el soneto de la vida que nos dice no solamente que tan involucrados con la vida estamos, también que tan coherentes y honestos con nosotros mismos somos; son los escalones que nos llevan a la sabiduría, tan olvidada en estos tiempos donde la verdad ya no nos pertenece sino nos la dan digerida las imágenes propagandísticas y los "valores" comerciales. Ser es siendo no lo que ya fue, lo que soy es lo que vivo hoy, que tiene como ganancias todo lo vivido pero que sólo tiene sentido lo recopilado en la vida si ésta es vivida como es en este momento, no como fue ni cómo será. La vivencia del tiempo es, por tanto, la vivencia de uno como conciencia viva, como reto y alcance de la vida misma.

Tomar menos en serio el "tiempo" y tomarnos más en cuenta a nosotros aprendiendo a vivir con lo que toca es simplemente aprender a ser sabios de lo más importante que tenemos: nosotros mismos.

 
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