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18
2008
Senado
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Abstenerse o Votar: esa es la Cuestión PDF Imprimir E-Mail
viernes, 05 de septiembre de 2008
Camara de Diputados
Camara de Diputados
“Los negocios públicos poco me preocupaban, y menos aún me ocupaba de ellos, pues acostumbrado á ver á mi derredor que todos aceptaban la situación actual con estoica resignación, seguía la corriente general y me encerraba, como todos, en mi egoísmo”.

Francisco I. Madero

Por Francisco Velasco Zapata*

argonmexico.com.- Nuestro interés en esta ocasión es contestar a la pregunta ¿Sirve de algo abstenerse de votar en los comicios para la elección de gobernantes? Nuestra respuesta es contundente: no. Y no sirve de nada porque el sistema electoral mexicano, como muchos otros del mundo, está diseñado para renovar representantes de los poderes ejecutivo y legislativo, así sea por unos cuantos votos. Votes o no votes.

Analicemos, en México la Cámara de Diputados se integra por 300 diputados electos según el principio de “votación mayoritaria relativa”, mediante el sistema de distritos electorales uninominales, y 200 diputados electos según el “principio de representación proporcional” mediante el sistema de listas regionales votadas en “circunscripciones plurinominales”. La Cámara de Senadores se integra por 128 senadores, de los cuales, en cada Estado y en el Distrito Federal, dos son “electos” según el “principio de votación mayoritaria relativa” y uno asignado a la primera minoría. Los 32 senadores restantes son electos por el “principio de representación proporcional” votados en “una sola circunscripción plurinominal nacional”.

¿Usted entendió? Al principio, yo tampoco. Después ha sido menos difícil.

Como se puede apreciar la elección de representantes “populares” -Diputados y Senadores- son un claro ejemplo de que no importa el número total de ciudadanos de un país para elegirlos ya que en el tristemente célebre sistema de elección de “mayoría relativa” la legalidad de una elección y su “legitimidad” no surgen, solamente, por efectos del número de votos que obtiene un partido y su candidato “triunfador” respecto del número total de ciudadanos del país, de un estado y, ni siquiera, de un distrito porque todo se empieza a contabilizar a partir de lo que se denomina “votación total emitida”, “votación nacional emitida” o “votación nacional efectiva”, “votos  nulos”, etcétera. En este sentido -y en las actuales condiciones legales- la “votación nacional emitida” es la que resulta de deducir -restar- de la votación total emitida, los votos a favor de los partidos políticos que no hayan obtenido el dos por ciento y los votos nulos. Aquí vale la pena señalar que lo más trascendente de este sistema es que se genera una “mayoría a partir de una minoría”. Así nos lo dejan ver las estadísticas en donde el porcentaje de participación ciudadana en una elección federal intermedia (donde sólo se eligen diputados federales) generalmente es muy inferior al cuarenta por ciento; sin embargo, el partido triunfador, se dice -generalmente-, gana con porcentajes de 35, 40, 50 o hasta 70 por ciento de votos respecto a los partidos políticos competidores.

En los sistemas de elección de mayoría relativa y, en congruencia con este, la “representación proporcional” no consideran relevantes los porcentajes de votación o el número total de votantes que se abstienen para llevar a las cámaras a un Diputado o a un Senador y lo mismo ocurre si se trata de un Presidente Municipal, un Gobernador o el Presidente de la República.. Con muchos o pocos votos llegan los que consiguen su “constancia de mayoría”. Lo que realmente importa es el valor que este sistema le da “a los que sí participan” sean muchos o pocos -según el enfoque con que se vea- pero los suficientes, al fin y al cabo, para que asuman la función de gobernantes y los ciudadanos de gobernados, nos gusten o no. Sin duda, se trata de una estupenda estrategia de la Partidocracia para vestirse de luces y hablar de que los gobernantes son electos por márgenes de votación muy superiores a los que realmente tienen respecto al conjunto de todos los miembros del padrón electoral o, peor aún, respecto al conjunto de toda la sociedad, aunque en el fondo de lo que se trata es de que, con muchos o pocos votos, los gobernantes son electos y, con ello, adquieren la personalidad jurídica necesaria para asumir sus funciones frente a la ciudadanía.

En el acto de votar, por lo tanto, no está de por medio sólo elegir a un representante. Porque no se trata sólo de hacer o de no hacer algo. Recordemos que “Política” hacemos todos aún inconscientemente, cuando votamos o cuando se abstienen, cuando pagamos al fisco o cuando se evade, cuando nos expresamos en uno u otro sentido del acontecer local, nacional o internacional, para apoyar o para rechazar, con  la enorme diferencia de realizarla de manera pasiva, mientras otros de manera “activa” deciden por nosotros y por las generaciones futuras. Por ello es indispensable comprender la inutilidad de abstenerse de votar en los comicios electorales, excepto, que nuestra aspiración -o convicción- sea que nos gobiernen los que sí participan. ¿No cree usted?

*Politólogo. Presidente de Parlamento Ciudadano A. C.

Agradezco sus comentarios a:

comunicacionsocial_pacem@yahoo.com.mx

 
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