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Por Francisco De la Sota Riva H. / Director Regional
Primera Parte
argonmexico.com / Extracto de la investigación realizada por el autor de este artículo que se incluyó en la publicación "Día de Muertos, Ofrenda Viva de Nuestros Pueblos Indígenas", correspondiente a la Colección Mayor, serie Estado de México: Patrimonio de un Pueblo, de la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario, en una edición del Consejo Estatal para el Desarrollo Integral de los Pueblos Indígenas del Estado de México.
Las fotografías corresponden a las artesanías premiadas en la Feria del Alfeñique que se presenta en Toluca y fueron tomadas por el autor de este artículo.
Por su importancia, la Ofrenda Mexicana a los Muertos fue reconocida por la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), en 2003, como "Obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad".
Si bien el pueblo mexicano realiza festividades relacionadas con los muertos desde antes de la llegada de los españoles, la ofrenda actual es resultado de un sincretismo cultural. La religión católica instituyó en el año 835 d. C., la celebración de Todos Santos el 1 de noviembre y la de los Fieles Difuntos al día siguiente. En nuestro país esto se convirtió en la fiesta de los muertos "chiquitos" (niñas y niños) el primero de estos días y de los "grandes" (adultos) el consecutivo.
En realidad no existe un modelo único ni alguna interpretación unívoca del significado de la Ofrenda, que varía mucho de acuerdo a la región o el grupo social, incluso la familia en particular, que la instala. Las costumbres en el norte del país, por ejemplo, difieren en mucho de las del sur o el centro, sobre todo en el tipo de alimentos que se preparan para los muertos.
El altar u ofrenda se considera una manifestación de la aceptación filosófica de la muerte como parte integral del ciclo de la vida.
En algunos lugares se acostumbra colocar la ofrenda en tres niveles, significando, en la tradición católica, al Padre, al hijo y al Espíritu Santo. También representan a los tres niveles de la iglesia católica: la Iglesia Peregrina o Militante, conformada por los que aún vivimos y estamos militando y luchando para alcanzar la salvación; la Iglesia Purgante, integrada por los difuntos que murieron en "amistad con Dios", que ya se salvaron pero todavía tienen faltas que purgar o expiar y la Iglesia Triunfante, en la que participan todos los santos que gozan de la presencia del Señor.
Para los católicos, un santo es la persona que vive intensamente el amor a Dios y a sus hermanos; son modelos de vida y hermanos mayores que interceden ante Dios por nosotros y a los que se recuerda precisamente en la solemnidad de Todos los Santos, el 1 de noviembre y la conmemoración de los Fieles Difuntos, el día 2.
Se debe preparar un camino de pétalos de cempasúchil, que se inicie en la entrada de la vivienda y culmine en la ofrenda, para guiarlos. Se recomienda colocar una ofrenda adicional a la de nuestros seres queridos, dedicada a aquellos que murieron en el anonimato, sin que nadie los recuerde o rece por ellos.
La ofrenda debe estar constituida por objetos que representen a los cuatro elementos de la Naturaleza:
LA TIERRA: Significada en el pan, elaborado con los productos de la tierra, para que sacien su hambre, y con semillas y frutas
EL AIRE: Con papel picado que se mueve con el viento
EL AGUA: Es fuente de vida y se coloca en un recipiente, para que satisfagan su sed luego del largo camino recorrido
EL FUEGO: Por veladoras, con las que invocamos a nuestros difuntos al encenderlas y pronunciar sus nombres.
Continuará...
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