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Por Francisco De la Sota Riva H./Director Regional
Las ofrendas que los mexicanos ponemos a nuestros muertitos la componen varios elementos y cada uno tiene un significado:
SAL: Representa la purificación. Hace referencia también al Bautismo, en el que se daba un poco de sal a los niños para saborear a Cristo. Al mismo tiempo, es una invitación a nuestros difuntos a que prueben la comida que se les ofrece, para que la condimenten a su gusto.
AGUA PARA REFRESCARSE: Un recipiente con agua, un lavamanos, deberá colocarse junto con una toalla y jabón, con la finalidad de que se refresquen y laven después de su recorrido. La gracia divina, de la cual tenemos sed, también se simboliza con el agua.
CIRIOS, VELADORAS Y VELAS: La flama que producen significa luz, esperanza y fe. Es una llamarada de triunfo que ilumina el camino de los muertos de esta vida a la otra, a la inmortalidad. Es la iluminación del camino para que las almas lleguen a disfrutar de la luz divina. Normalmente se enciende una veladora por cada pariente cercano o amigo que se recuerda en esta ocasión. También se acostumbra colocar cuatro veladoras en forma de cruz, para significar los puntos cardinales y algunos creen que deben ponerse siete velas más, como señal de que pedimos la iluminación divina en contra de los pecados capitales.
COPAL O INCIENSO: Ofrenda a los dioses en casi todas las culturas. Eleva y transmite las oraciones y alabanzas, uniendo a quien ofrece sus aromas con la divinidad. Simbolizan la oración. Es un perfume de reverencia al Soberano Creador que, por ello, aleja a los malos espíritus. Los olores que despiden recuerdan a los muertos el mundo tal y como ellos lo conocieron.
CRUZ DE CEMPOALXÓCHITL (CEMPAZÚCHIL): De acuerdo al Semanario "Desde la Fe", la cruz florida sobre el altar significa que todos los caminos, los cuatro puntos cardinales, los brazos de la cruz, llevan a Dios, el centro donde se cruzan los brazos. Nos habla también de la redención de Cristo, vencedor de la muerte.
FLORES: Las blancas significan pureza y ternura. La llamada "nube" está especialmente dedicada a los niños. Las amarillas, muy particularmente las de cempasúchil (cempoalxóchitl) por su color, permiten a los muertos, con su mínima vista, distinguirlas para seguir el camino de la ofrenda. De acuerdo a la fe cristina simboliza al Sol y proclama la vida eterna como don de Dios. La flor roja conocida como "mano de león" o "moco de pavo", significa específicamente la expresión de la sangre de Cristo y su Resurrección, así como la vida humana y animal.
PETATE: Se coloca uno para que los espíritus que nos visitan tengan dónde descansar de su largo viaje. Puede utilizarse un catre o una cama en su lugar.
PERRO (IZCUINTLE): Guía a las almas hacia el Mictlán (lugar de muertos, donde reside Mictlantecuhtli, señor de los muertos) para lo cual les ayuda a cruzar el río Chiconahuapan. Además, es considerado como un juguete para los niños difuntos, pues en la época prehispánica los pequeños utilizaban figuras de barro de este animal para entretenerse.
EL PAN Y LOS TAMALES: Antes de la llegada de los españoles, nuestros ancestros acostumbraban colocar tamales ("pan" de maíz), aunque ahora se utiliza igualmente el pan de trigo. Se colocan en la ofrenda como una invitación a los seres queridos que se nos adelantaron, porque son alimentos que se comparten fraternalmente con ellos. Baste recordar que en la misa católica el "pan de vida" tiene gran relevancia, porque simboliza la presencia real de Cristo, que murió para que tuviéramos vida.
EL GOLLETE Y LAS CAÑAS: Se trata de un pan en forma de rueda que se sostiene con un trozo de caña. Suponen los historiadores que estos elementos representan los cráneos de los sacrificados y las varas en que eran ensartados. Generalmente esta corona se adorna con azúcar color rojo, para simbolizar la sangre derramada en la muerte.
LOS PAPELES DE COLORES NEGRO, NARANJA Y MORADO: El negro hace referencia al Tlilán, lugar de la negrura y al Mictlán, lugar de los muertos. El morado y el naranja significan luto. El primero en la religión católica y el último entre los aztecas.
EL BARRO: Los indígenas confeccionaban ollas de barro -igualmente símbolo de la tierra- para depositar en ellas los tamales y la comida, con el propósito de que los difuntos se los llevaran en un recipiente.
LAS FRUTAS Y LA CALABAZA EN "TACHA": Es tradicional colocarles frutas de la temporada, como guayabas, mandarinas, tejocotes, naranjas, jícamas y camotes. En algunos lugares se cuelgan en un arco que se teje con ramas y flores naturales. Las frutas significan la liberación que la muerte da. La calabaza en "tacha" está cocinada con miel de piloncillo o panela, antiguamente llamada también "tacha". Se trata, igualmente, de una tradición prehispánica.
EL MOLE: Generalmente servido con arroz, frijoles y sus respectivas tortillas y preparado con pollo o guajolote, aunque también con carne de cerdo, es uno de los platillos que no pueden faltar, pues se trata de un guiso que requiere dedicación, cuidado y cariño, cualidades todas que deben ofrecerse a los muertos.
EL CHOCOLATE: Bebida originalmente exclusiva para el consumo de reyes. Se elaboraba, desde luego, con agua, antes de la llegada de los españoles. El chocolate se acompaña, generalmente, con pan de huevo.
SEMILLAS: Igualmente representativas de la tierra, recuerdan las gracias y dones que Dios otorga al hombre. Son señal de esperanza en el futuro, pues crecen y florecen como debería ocurrir con el espíritu humano.
IMÁGENES DE SANTOS Y CRUCES: Para que los acompañen y guíen en el camino. Representan la especial protección divina que deseamos para ellos en la otra vida. En estas fechas principalmente se venera a San Lucas, patrón (o patrono) de quienes murieron en forma violenta. Los retratos de los seres queridos y las imágenes religiosas manifiestan la comunión con los santos.
CALAVERAS DE AZÚCAR: Nuestros antepasados de la era prehispánica utilizaban cráneos humanos para recordar a los difuntos. Hoy, para que no olvidemos que somos mortales, se colocan calaveras de azúcar con nuestros nombres y los de quienes se nos adelantaron.
POZOLE, BUÑUELOS, CAFÉ, ATOLE, CERVEZA, TEQUILA, CIGARROS, GOLOSINAS, LAS COMIDAS PREFERIDAS: Los alimentos preferidos de los difuntos cuando estaban entre nosotros, deben servirse calientes para que puedan olerlos y "tomar" su esencia, debido a que su presencia es "etérea". Las botellas tienen que estar destapadas con la misma finalidad. Se coloca la comida como símbolo de comunión: invitamos a nuestros muertos a comer como lo haríamos con cualquier amigo o familiar en vida.
OBJETOS PERSONALES: Deben colocarse también objetos personales de los difuntos, como sombreros, relojes, alhajas. En el caso de mujeres, se acostumbra ponerles aquellos utensilios como metates o molcajetes y sus rebozos. Para los hombres, machetes, sarapes o morrales. Tratándose de niños, sus juguetes favoritos, así como dulces y un tarro de atole o un vaso de leche. Son, todos, recuerdos de su paso por este mundo.
FOTOGRAFÍAS DE LOS SERES QUERIDOS DIFUNTOS: Desde luego, tienen que colocarse fotografías de los difuntos a los que está dedicada la ofrenda, que se constituye en realidad como un altar a su recuerdo. Algunas personas consideran que las fotografías deben estar semiocultas, porque "están aquí, pero no los vemos".
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